martes, 14 de abril de 2020

Carta

No sé cómo iniciar, no tengo ni siquiera palabras para aterrizar los sentimientos que tengo y el revoltijo en mi cabeza no tiene forma y ni fórmula, sólo sé una cosa que nace de mi pecho y retumba en mi conciencia cada día: te extraño. Te extraño porque no te tuve cuando te necesité y ahora no te tengo cuando más te necesito. Te extraño porque faltaron enseñanzas, palabras y lecciones. Te extraño porque tú tenías todas las respuestas a mis preguntas y ahora siento un inmenso agujero negro en mi pecho, un vacío descomunal.

Estuviste conmigo en momentos importantes, así como las más grandes lecciones fueron gracias a ti. Me enseñaste tanto de oficios como de la vida, filosofía y política. Me enseñaste a ser un hombre libre y de buenas costumbres. Recuerdo que no estuviste conmigo cuando me inicié en la masonería, pero tú me enseñaste todo lo que tenía que saber de ella; fueron tan grandes lecciones que en poco tiempo ascendí al grado de Maestro, y estuviste conmigo en la ceremonia; compartimos juntos reuniones y tenidas. ¿Sabes? cada que voy a logia siempre uso tu mandil, ese mandil que me regalaste en mi ascensión a Maestro, el mismo con el que jugaba de niño, el mismo que usabas cuando ibas a logia, el mismo que tuviste cuando fuiste Venerable Maestro.

Espero que te encuentres bien en donde estás, allá en verdes y delicados pastos junto a aguasa de reposo, donde no hay dolor ni temor. Quisiera visitarte, ver si eres feliz o si te hace falta algo, aunque sé que eres feliz y no hace falta nada. Sé que algún día estaremos juntos y estaremos trabajando maderas finas y forjando meteoritos.